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  • 31/01/2020 - 22:32  

    Imperial 2, un garito para chuparse los dedos

    Las recetas de Javier Murillo, hermano del recordado Jorge, componen una carta que, pidas lo que pidas, todo está riquísimo

    Locos por la gastronomía by Luz Cappa

    Hoy he conocido uno de esos sitios que te deja huella. A mi, que soy disfrutona por naturaleza, ya me empiezan a cargar los restaurantes de pitiminí donde abusan de los aires, las espumas y las esferificaciones. Es más, las espumas siempre me han recordado a resto del jabón del lavavajillas, así que hoy vibré de emoción en un garito que lleva abierto la friolera de 30 años y al que jamás había ido. 

     

    Me lleva mi amigo Paco Pérez, maestro ronero, que sabe que soy buena de boca y se asegura antes de que no me voy a asustar cuando entre en el local. “Seguro que eres una todo terreno, verdad?” Me pregunta, y le contesto que a pesar de mi pinta de pija, soy una street fighter de manual. 

     

    Dicho y hecho. Quedamos Paco y yo a la 13:30 en El Imperial 2, un lugar sencillo y casi me atrevería a decir anclado en los 70, donde no entrarías a no ser que te llevaran, como a mi, un amigo con criterio, o que te de una pájara intempestiva porque el local, a pie de calle, pasa completamente desapercibido.


    LAS APARIENCIAS ENGAÑAN

    Pero que las apariencias engañan es una gran verdad, y a pesar de estar situado en un local humilde, anclado en el tiempo, sin lujos ni alharacas, lo que allí se come y lo que allí sucede, es digno de un detallado reportaje.

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    El Imperial 2 se pone todos los días de lunes a viernes, y desde las 12 de la mañana a las doce de la noche, en candela, la forma cubana de decir hasta la bandera o como el camarote de los hermanos MarxEs de esos sitios donde pidas lo que pidas, está todo riquísimo. Costillas al horno, codillo, caracoles, queso frito, pulpo, huevos rotos con gambas, gulas o jamón, qué se yo... todo, absolutamente todo es un festín pantagruélico y con unos precios de risa, si los comparas con restaurantes donde se come infinita mente peor, y por el doble de precio.

    La bodega merece un reportaje a parte, se nota que José María sabe lo que hace y lo que compra, y la balda llena de rones Premium es un delirio para cualquiera que disfrute con este destilado.

     

    PRIMER CONSEJO:
    No 
    se te ocurra ir sin reservar, a no ser que quieras comer en la barra, que ahí igual sí que encuentras un hueco, aunque no te lo garantizo.

     

    La carta está escrita en los manteles de papel que adornan las mesas, y lo mejor de todo es que el dueño José María Barros, un colchonero acérrimo, no para de sacar cervezas Mahou, muy bien tiradas, por cierto, y que en la cocina hay un crack que conozco hace tiempo: Javier Murillo, hermano pequeño de mi adorado Jorge Murillo, un cocinero que hizo historia en la gastronomía de Las Palmas de Gran Canaria y que se fue de este mundo muy pronto, demasiado pronto, dejándonos a sus amigos y a sus clientes un vacío inmenso, tanto emocional como culinario.

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    Pero mira tú que Dios es grande, y que Javier supo aprender todo lo que su hermanito le enseñó, así que ahora despliega su arte de cocina tradicional, esos platos caseros que siempre apetecen, con una generosidad en la cantidad y una tacañería en la cuenta que hacen de este lugar un garito atiborrado desde que abre hasta que cierra, todos los días, de lunes a viernes. “Estoy encantado porque como bien sabes, Luz, en hostelería es muy difícil librar sábados, domingos y festivos, y aquí solo abrimos los días laborables”, me dice Javier.

     

    SEGUNDO CONSEJO

    El segundo consejo que les doy es que escuchen los platos fuera de carta que tienen según mercado e inspiración del cocinero. “Acabo de hacer unas carrilleras en salsa espectaculares, pruébalas (me dice Javier), pero hoy tengo el cuerpo para un codillo y unas costillas de cerdo a la brasa, y ¡vaya si acierto! Paco y yo compartimos ambos platos, muy bien servidos de cantidad, con unas papas fritas riquísimas, hinchaditas, que me recordaron a las legendarias papas souflé de Zalacain, salvando las distancias en puesta en escena y decoración, pero tan ricas que la próxima vez las pediré con huevos fritos y algún topping que se me antoje, jamón, gulas o gambas, cualquiera de las tres opciones estoy segura de que me volverá loca.

    Me entero por José María, el dueño, que hacen unos caracoles muy ricos, y le pido que me traiga una tapita. Los boquerones en vinagre también están muy buenos, pero lo que me encantó es la jugosidad del codillo, con su grasita caramelizada, bien untuosa y de potente sabor... un vicio al que sucumbo sin miramientos, un día es un día, pienso, y que me quiten lo bailao, la mejor forma de no sentir remordimientos.

    Después de zamparnos medio codillo cada uno y una gran ración de costillas al horno con más papitas doraditas, pedimos yogur con guarapo de postre, fresquito, goloso, vamos, ¡que entra de maravilla!

     

    Todo por menos de 20€ por persona, con cuatro Mahou muy, pero que muy bien tiradas, y me reafirmo en la idea de que la felicidad está en los pequeños detalles y que no es más feliz quien más tiene, sino el que sabe disfrutarlo.

     

    DIRECCIÓN: Calle Eusebio Navarro, 27
    Las Palmas de Gran Canaria
    ​Horario: Abierto de lunes a viernes: 12:00 a 24:00. Sábados, domingos y festivos, cerrado.
    Precio medio: 20 €

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